Divagando en Ciudad de México (I)

  • Hace 26 años que no venía a la Ciudad de México… ¿Por eso es que me tiemblan los pies mientras decido el rumbo a tomar? ¿O más bien se debe a los estereotipos, prejuicios y testimonios que de la ciudad tengo?

Reforma, Lagunilla y Garibaldi

  • Esto es Reforma, llena de pequeñas estatuas y pequeños monumentos, renegridos todos pero al fin llamando la atención. Aunque es temprano, menos de las 7 am, no ha de ser prudente quedarse a observar.
  • Aquí hay taxi seguro, joven, por si gusta“.
  • Decido caminar. La Torre Latinoamericana se ve cerca, con trayecto en línea recta.
  • Los de la Lagunilla comienzan a instalarse, pero en Garibaldi parece que la fiesta no termina. En varios locales suena el mariachi, y los trasnochados clientes cantan y chocan botellas y vasos.
  • Esta parte del Eje Central guarda un aspecto de lo más miserable. En cada banca un indigente durmiendo. En cada cuadra, los locales escupiendo personajes variopintos: borrachos, drogados, travestidos, inquilinos de hotel de 1 estrella…
  • El nervio me hace creer que todos me observan. Corrijo: todos me observan. Debo actuar con más naturalidad, antes de que me madruguen.

Alameda y Bellas Artes

  • Estoy afuera de Bellas Artes y me siento náufrago que encuentra su isla.
  • Esta zona, la Alameda, parece un poco más segura. Me apropiaré el lugar, caminando, para calmar el nervio.
  • Por las aceras de la Alameda, esculturas diversas que invitan al abrazo y la selfie.
  • Así que esto es el Hemiciclo a Juárez…  Caigo en la cuenta de que es el momento de sacar la cámara fotográfica, para acentuar la apropiación.
  • Es muy sui generis la alternancia en el paisaje de pordioseros enrollados en cobijas, durmiendo en las bancas y en el césped, con extranjeros corriendo en los carriles laterales.
  • Hay un amputado de la pierna izquierda en silla de ruedas, en andrajos, afuera de un 7 Eleven. Se va empujando con el pie derecho. De un local con nombre de película porno, salen tres muchachos y bajan la cortina. Se alejan.
  • Antes de sacar el celular, observo hacia ambos lados. Nadie. Puedo intentar con calma una foto a la Torre Latinoamericana.
  • El sonido de un golpe metálico. Volteo. El amputado está en el suelo. Entiendo que ayudándole anunciaré que soy foráneo. No importa, al tipo le falta una pierna. Acerco la silla y la inmovilizo. Ayudo al hombre a incorporarse y reinstalarse. Agradece inseguro y reanuda el camino.
  • ¿Fue en los baños de aquel edificio de Relaciones Exteriores donde Salvador Novo escribió que “Narciso Bassols es puto“? Fue su estrategia para que más rápido borraran que “Salvador Novo es puto“.
  • Esa chava que dormía en una jardinera, se despierta y su rostro es un Tratado de la Cruda. Ella muy tranquila y días antes encontraban a otra asesinada, amarrada a un teléfono público en C.U.
  • Sigo tomando fotos. Pasan más extranjeros trotando y varios locales paseando a sus perros.
  • Advierto que un tipo me aborda. Sé que soltará un rollo por dinero. Se disculpa. “Me acaban de asaltar con pistola dos chavos allá en Reforma. Me quitaron mi cartera y mi teléfono. ¿Me ayudas para mi transporte?
  • Intento más imágenes afuera de Bellas Artes, captando algunas estatuas a contraluz del sol que sube. “¡Oh, qué buena idea!“, dice un cincuentón, o mayor, usando top-siders, asegurando el puro entre los labios y sacando un celular caro. Dispara y da los buenos días.
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Hemiciclo a Benito Juárez
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Torre Latinoamericana
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