Piso

Sin lugar a dudas, este piso fue mi hogar alguna vez, aunque no reconozca los biombos ni estas cortinas tan largas que el viento remueve pacíficamente.

Podría quedarme en silencio, modulando mi respiración. Una música aguda disuelve esta calma.

¿Qué será de los que habitan abajo? Una señora esclerótica me adelanta mientras desciendo las escaleras.

Ahí están, con los rostros de la última vez. La luz de la tarde al través de las ventanas les confiere un brillo especial en los ojos mientras conversan. Sin embargo no escucho sus voces y nadie parece advertirme.

Sólo tengo mi respiración.

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