Nevermore

Abrí los ojos y me encontré tendido en una banca, al interior de un cuarto reducido que no era precisamente un dormitorio, con los pies apuntando hacia la puerta abierta, de rústica hechura. A mi lado izquierdo, una pequeña ventana sin vidrio, por la cual varios cuervos entraban, exaltados, en vendaval, solo para salir por la puerta.

Pero uno de ellos no salió; voló hasta detrás de la puerta y, con el pico, inició una labor vertiginosa de escritura sobre dicha hoja de madera. El ruido generado resultaba insoportable y me dio mucho temor la posibilidad, por no decir certeza, de que tal mensaje fuera para mi.

Me incorporé. Salí de la pieza mientras el ave proseguía escribiendo con el pico y mostrando esa mirada terrible.

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