Gracias, Inma.

A fin de cuentas, lo que se pone sobre la mesa es lo que otorga una distinción. Pero también -mucho más- el tomar la bandeja, el canasto, y tener la humildad de acercarse a otras personas y ofrecer un buen trozo de pan, un buen fruto, un manjar.

Es lo que hacía Inma MiguelSanz, a través de su blog literario: promoviendo, compartiendo, esparciendo la palabra.

Lamento su partida. Acaso me conforta un poco saber que somos todos, precisamente, oteadores en fuga, y que con esa frase nos lo había anunciado.

Gracias, Inma. Se te extrañará.

2 pensamientos en “Gracias, Inma.

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