Silbando

Es curiosa la avaricia en don Silvestre:

aguardando su turno al volante,

se corta las uñas, silbando.

 

En carretera, con catorce pasajeros,

invariable música de los 50’s

y alcanzando el límite legal la aguja

en el tacómetro,

cuenta y clasifica las monedas

y hace rollo los billetes,

silbando.

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