Esperar es propio de quien no sabe llegar.

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Todo pulsa cuando hay aspiración.

A decir del maestro de Física, solamente es perceptible el diez por ciento del universo; de todas las fuerzas que lo han oblongado durante millones de años, son contadas las que se conocen. ¿Cuántas dimensiones hay? ¿Cuántas formas de existencia puede haber y cuántas interactuar sin que la otra parte, uno mismo, lo sepa? ¿Tiene límite la energía?

Días antes, escuché de un conferencista local la teoría de que hay, sobre el planeta, un campo energético inherente a la existencia humana. Con el ADN viajero se estaría transmitiendo, de generación en generación, una carga eléctrica distintiva, "constelaciones familiares" explicando que los Martínez sean de un modo o los Pérez de otro.

¿Qué hay al otro lado de la materia, al interior de un agujero negro? ¿Somos, en nuestra realidad, el reverso de algo?

Creo que hasta ayer domingo iban ya 217 días del año. La ciudad estaba hecha una Venecia con tan solo unos minutos de una lluvia pertinaz. Fui a la función del día, "Ana, mi amor", de la 62 Muestra Internacional de Cine.

A los tres cuartos de película, y a dos lugares de mí, se instaló una señora de cierta edad, dedicándose a emitir siseos en cada confrontación de los actores, carraspeos en cada trance de silencio, a decir un "jum" en los desnudos.

Ana supera sus ataques de pánico tras conocer a Toma. En el ínterin, rompen con sus familias, se casan, tienen un hijo, van del desempleo al empleo, del amor al desamor, a la muerte de ella, a otro matrimonio…

Pero mucho de ello son nada más que sueños que Toma relata a su psicoanalista. ¿Cuál fue la vivencia real, entonces?, me pregunté hacia la escena final, donde el propio Toma deja el consultorio con más dudas que certezas.

Alguien en la fila de atrás ríe ligeramente al ver este final, quizá entendiendo cosas que yo no. Segundos después, ya con las luces de la sala semiencendidas, la señora a dos lugares, se dirige a mi: "Disculpe, ¿por qué cuando Toma dejó el consultorio, la persona de atrás de rió?".

"Quien se sienta impregnado de la propia estimación preferirá vivir brevemente el más alto goce que una larga existencia en indolente reposo; preferirá vivir un año sólo por un fin noble, que una larga vida por nada; preferirá cumplir una sola acción grande y magnífica, a una serie de pequeñeces insignificantes".

—Aristóteles.

Soñé a mi mejor amigo, muerto hace veintitantos años. Sigue igual el muy cabrón: sublevado contra todo entre risas.

2018/22

145. El mexicano promedio, en sus breves momentos de independencia, apresura el regreso del caudillo.
146. La esperanza es como el pábilo que persevera su flama cuando ya toda la cera es líquida.
147. La rabia más justificada, como la más inexplicable, termina siempre en un fútil rescoldo.
148. “No conviene irritarse contra cosas que para nada toman en cuenta nuestra ira”. Marco Aurelio, en Pensamientos.
149. Las monedas que ingenuamente se lanzan al agua, al aire, ni debieran lanzarse ni tienen valor.
150. Ofrendar es abrir puertas (hacia uno mismo).
151. Mi transparencia, inamovible, es un jaque a tu simulación.

131. Árbol pretérito.
132. Pradera en llama inextinguible.
133. Orfandad del rayo efímero.
134. Lava que se expele por que el aire la sofoque.
135. Trazadora de inminencias.
136. Dominar la sangre es alumbrarse en la caverna.
137. Este es un edificio iluminado por la sangre. Una arteria diminuta accede al sótano y arroja un pez que observa todo.

2018/17

110. “Del que vive con estrechez, digamos que es económico; del vano y jactancioso, que quiere
ser agradable a sus amigos; del rudo y libre de lengua, que es franco y enérgico; del
arrebatado, que tiene un gran corazón. Es la única conducta capaz de hacer y conservar los
amigos, pero nosotros ponemos tachas en las mismas virtudes, empañando el cristal
transparente del vaso”. (Horacio, en Sátiras).

111. “Los enemigos más violentos del orden son a menudo hombres que embozan su desesperación. En ellos arde la nostalgia por la vida honorable que alguna vez conocieron o que buscaron por camino equivocado”. (Walter Muschg, en Historia Trágica de la Literatura).

112. “Ningún ciudadano es venerable ni ilustre
cuando ha muerto. El favor de quien vive preferimos
los vivientes. La peor parte siempre toca al muerto”. (Arquíloco).

113. “Aún los aprovechados en el estudio del universo deben esculpir en la memoria una imagen elemental de todo, pues más necesitamos un prontuario general y memorial abreviado, que de cosas en particular”. (Epicuro, en Cartas).

114. “Estoy compuesto de un principio que obra en mí cual una causa y de un
elemento puramente material. Ni el uno ni el otro serán aniquilados, puesto que ninguno
de los dos ha sido hecho de nada. Así, pues, todas las partes que me constituyen serán
transformadas en alguna parte del mundo. Esta se transformará a su vez en otra, y así
sucesivamente hasta lo infinito. Nada me impide el emplear aquí esta palabra, si bien es
verdad, no obstante, que el gobierno del universo se halla sujeto a fatales y periódicas
revoluciones”. (Marco Aurelio, en Pensamientos).

115. “El ser humano perfecto debe conservar siempre la calma y la paz de espíritu y no permitir jamás que la pasión o el deseo fugaz turben su tranquilidad. No creo que la búsqueda del saber sea una excepción. Si el estudio al que te consagras tiende a debilitar tu afecto y a destruir esos placeres sencillos en los cuales no debe intervenir aleación alguna, entonces ese estudio es inevitablemente negativo, es decir, impropio de la mente humana”. (M. W. Shelley, en Frankenstein).

116. “Amo la vida, aunque sólo sea una sucesión de angustias, y la defenderé”. (ídem).

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