313

Espejo

306

El silencio es una fragua.
El callado herrero funde
su recuerdo de la luz
y la sombra, en el molde
de la risa o la nostalgia.

303

Tortillas. Huevo. Cebollas. Jamón. Jitomates. Chiles serranos. Aceite. Azúcar. Café.

Mi lista de faltantes la podría configurar de cien maneras. Pero la sal nunca se acaba.

301

Acorralado en solitario como está, ¿qué sentido tiene disparar o no para el soldado? Son segundos nada más lo que le resta de existencia. Pero apunta su fusil al enemigo y lanza ráfagas, mientras exhala y evitando un grito. Ha sido certero, sus pupilas lo proyectan. Al reanudarse la metralla desde afuera, él también es alcanzado y la potencia de la bala lo ha empujado sobre su hombro derecho. Hace una fuerte inspiración. ¿Qué anima a persistir, cuando incluso el éxito sería estéril? Revisa munición y se incorpora a medias, para lanzar su última ráfaga mientras los largos proyectiles que recibe nuevamente, le terminan de incrustar en la pared.

272

Semanas atrás, soñé que guardaba carnes frías y fruta en uno de tres refrigeradores que había en esa cocina. Esta madrugada, soñé que abría el mismo refrigerador y encontraba todo enmohecido.

246

Llevo ya varios días con una indiferencia total por la vida, que podría tener muchos nombres a la vez: melancolía, nostalgia, tristeza, añoranza, decepción, hastío, náusea… Tratando de salir de este letargo es que retomo una lectura y me encuentro, caprichoso azar, esta frase de Horacio:

Salvar a quien no quiere es igual que matarlo.