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Arcos del Teatro.

Relaja un acordeón

el mediodía.

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Tomé una siesta por la tarde. Soñé que yo permanecía detrás de un muro al interior de una finca rústica, pero con la capacidad de ver y escuchar lo que ocurría en otras piezas. Soy joven. Era constante la llegada de personas extrañas preguntando por mi; a todas ellas se les dice que no estoy y se retiran. Al llegar una pareja con perfil indostano, su visible extenuación y testimonio atribulado me conmueven y decido aparecer ante ellos. Al recorrer las piezas descubro que el lugar que habito es más grande y más rico, sin llegar al lujo, de lo que yo estaba enterado. En el umbral, soy adulto. Digo a la pareja que no soy aquel que buscan, pero ofrezco habitación y alimentos para que puedan reanudar su marcha al día siguiente.