División

La división más ordinaria entre nosotros, acontece entre el querer hacer y el deber hacer. Lo primero es una pasión que, alcanzada su dorada cúspide, conlleva el peligro inherente, degradante, del hastío obscuro. Lo segundo es meter al barro inmundo nuestros pies, para luego enunciar, superada la aversión, las impares propiedades curativas de tan místico elemento.

Salto

El gran beneficio de caminar es la sensación de autodominio que conlleva. Regulo mi paso, mi postura, mi pensamiento, mi actitud. Donde sea que requiera estar, el caminar me lleva, me presenta, me instala, me incluye. Caminar es efectuar un recorrido por el propio ser.
Lo inquietante es ver que se termina el suelo y que la enorme zanja, la barranca, obliga un salto.

Apropiación

Caminar es la estrategia elemental de quien intenta apropiarse una ciudad. La practican los turistas, la desdeñan los locales.
Su variante es el desfile del político, cuando camina invariablemente extraño entre los suyos, y el trote del corredor, atravesando la ciudad mientras se encuentra en otra parte.

Develación

La grandiosidad de la escultura se termina cuando el curador, o el propio artista, retiran el velo cubriendo a la obra. Cuando la expectativa en torno a ella se desvanece, por no haberse cumplido en la realidad que por fin se muestra, culmina su ciclo ante el observador.

La nobleza del museo, permite al segundo espectador maravillarse ante lo que ya es algo sin valor simbólico para el primero, enfilado hacia la calle.