Esperanza

Aguardaron en Pompeya

quienes no tenían labios

con los qué decir futuro.

 

Permitieron se infiltrara

por sus ojos bien abiertos

la espesura de la noche.

 

Sin lugar a los lamentos,

sin histeria al despedirse

de sí mismos, y de todo.

 

Y allí les encontraron,

para siempre conciliados

con la vida y lo vivido.

 

Mas nosotros no podemos

abrir puertas a esta noche

derramando ya su fresco

por las calles, por los muros.

 

Nos forjaron para el día,

sin lugar a los lamentos.

Y allí han de encontrarnos.

Sobre dejar de hacer versos

Si dejar de hacer versos –o, al menos, de publicarlos-, constituye una abdicación y acarrea merecidamente la cancelación de un pasaporte de poeta expedido hace muchos años, yo no podría decirlo, ni apelo de semejante sentencia. Pienso apenas, en mi defensa, que muchas circunstancias pueden detener en un momento dado la producción en verso de un poeta, sin por ello invalidar lo que hizo. La muerte es la más habitual o frecuente de estas circunstancias. Y ella puede ocurrir mucho antes del sepelio.

—Salvador Novo

La equivalencia de vivir muchas vidas

“En vísperas de hacerlo, pienso que esta tarea de cumplir años no es más que una función vagotónica que realizamos en la vida tan inconscientemente como la respiración o la digestión; sin habérnosla nunca propuesto, y sin que afecte de manera apreciable aquellas otras que sí son el objeto de nuestra atención: las que planeamos, esas de que esperamos el fruto y el resultado.

El de cumplir un año más de existencia es, por lo pronto, el de lanzarnos por lugares comunes de meditación no exentos en porcentajes variables de remordimientos y añoranzas, satisfacciones y vergüenzas. Lanzamos una primera mirada sobre nuestros compañeros, nuestros amigos, en la escuela y en la adolescencia. Muchos han muerto, y pensamos en ellos con depurado afecto en el que se mezcla la satisfacción de haberlos tratado, la pena de haberles perdido –y una cierta mezquina felicidad egoísta por sobrevivirles. Otros viven, descuellan. Tienen una familia numerosa y una posición desahogada y próspera. Muchos son millonarios, banqueros, financieros. La comparación es humilde y frustránea.

Pero todos, aquellos fallecidos y estos vivos, han sabido administrarse con una mayor concreta perfección hacia una meta sola –el dinero o la gloria. Queda en el espectáculo de una vida ya larga que hace en su cumpleaños un alto para orientarse la riqueza ebullente de todos los campos a que uno ha asomado su perpetua curiosidad; su búsqueda ondulante de una vocación que los otros definieron a tiempo y en ella se fijaron, en tanto que uno seguía probando, desistiendo, emprendiendo, aprendiendo. Y entonces descubre que su caudal de afectos e intereses es tan vasto, que se ha transmutado en la equivalencia de vivir muchas vidas en vez de una: muchas pequeñas e incompletas en vez de una sola y perfecta. Y que acaso la suya encuentre su definición en su indefinición, su rotundez en su imparcialidad, su sentido en delegar en la vida misma la tarea de encontrárselo a la pequeña de uno”.

—Salvador Novo.

Un poema no es nunca oscuro

“Un poema no es nunca oscuro, porque es siempre, al contrario, la condensada clarificación de lo oscuro. Pero el lector puede acabar por entenderlo, descifrarlo. Cuando el poeta dice sus versos, disfruta la oportunidad impagable de impregnarlos del matiz, del sentido, la emoción y el significado que tienen para su creador. Y así resultan clarísimos aún los que parezcan serlo menos”.

—Salvador Novo.